Vuelta de vacaciones. Pese a no tantas como me habría gustado, este invierno aun he podido ver varias de las Bowls como la Hawaii, sin duda mi “Minor” preferida; también vi perder a Georgia Tech y Air Force, los partidazos de récord de la Alamo Bowl y la Orange Bowl, la interesante victoria de SMU y, obviamente, el BCS Championship de hace un par de noches. Ahí es precisamente donde quiero entrar, al famoso “rematch” que probablemente tuvo el dudoso honor de ser el Campeonato Nacional menos esperado y con menor expectación en la historia del College Football. Sin embargo tengo que reconocer que, al contrario que el primer partido, el del lunes lo disfruté bastante, y es que esta vez al menos uno de los dos ataques sí hizo acto de presencia. El otro no, el otro ataque es evidente que debió confundir la fecha del partido; de hecho se comenta que Les Miles aun está pensando cual será el momento adecuado de meter a Lee por Jefferson…
Sinceramente, fuese cual fuese el Quarterback de LSU no creo que hubiese hecho cambiar mucho las cosas, y es que la actuación defensiva de Alabama fue sencillamente perfecta, de diez. A ella se le ha de añadir, además, un ataque bien preparado y poco previsible que, sin cambiar su filosofía, fue suficientemente efectivo como para mover lentamente las cadenas y colocar a su defensa en una posición favorable; después un par de jugadas de equipos especiales y el kicker Jeremy Shelley hicieron el resto. Por contra, los Tigers confiaban en el factor diferencial de su QB móvil, pero ni en sus carreras ni en las jugadas de option Jefferson pudo marcar ninguna diferencia. Las 384 yardas de Alabama por las 92 de LSU lo dicen todo, y sin embargo aun es sorprendente que el resultado no fuese más abultado, pero si alguna pega se le puede poner a los de Tuscaloosa es que no pudieron mejorar su ineficiencia en campo rival, donde se colapsaron y debieron conformarse con field goals en siete ocasiones.
Pese a la merecida victoria de los Crimson Tide, la pregunta que nos hacemos todos es si merecen o no ser considerados como el mejor equipo de la FBS y si, por otra parte, es un justo resultado para LSU, quienes ya habían ganado previamente a Alabama en noviembre. Si el sistema fuese objetivo e imparcial, estamos de acuerdo que los de Louisiana deberían haber jugado este partido contra Oklahoma State, y en ese caso otro gallo podría haber cantado. Sin embargo, ayer Alabama demostró estar varios peldaños por encima de LSU, y aquel primer encuentro de hace un par de meses no puede negarles su primera posición en los ránkings. ¿Cuántas veces en la NFL hemos visto a un equipo perder en liga regular contra otro y acabar ganándole la Superbowl al mismo? Muchas, pero entonces nadie discutió lo injusto que era ese “rematch”, ni sugirió que igual deberían compartir el Lombardi porque el primer encuentro compensaba el resultado del segundo…
Y hablando de objetividad e imparcialidad, todo esto me hace llegar hasta el eterno debate que hoy en día inunda la actualidad del football universitario. ¿Play-offs sí? ¿Play-offs no? Estos son algunos de los argumentos que se me ocurren en favor de ambas posturas:
A favor de los Play-offs en la FBS:
· Más justicia; como en todo, en la NCAA algunos tienen mucho y otros, sin saber bien por qué, tienen menos. Algunas universidades, pese a demostrar su calidad en repetidas ocasiones, saben de primeras que ya de por sí no pueden optar a luchar por el BCS, y año tras año tienen que conformarse con una Bowl que no representa el reconocimiento que verdaderamente merecen. Los Play-offs darían una oportunidad para que todas estas universidades pudieran mostrar sus credenciales y sus opciones. Como en todos los otros deportes, nos sorprenderían las cantidades de “upsets” que se verían año tras año, y es que nunca se sabe hasta donde habrían llegado Houston o Boise State, por poner dos ejemplos familiares…
· Victoria en el campo y no en las encuestas; en el College Football manda más la AP Poll que los touchdowns de un equipo. Esto seguirá siendo así hasta que no cambie el sistema en el que son los periodistas y entrenadores, además del famoso ordenador de la BCS, quienes deciden quién merece ocupar un puesto u otro en los ránkings, y obviamente la única solución para ello son los Play-offs.
· Ya funciona en otros deportes, por qué no en football; basket, baseball, hockey y hasta soccer utilizan un sistema de emparejamientos y torneo para decidir el campeón de la NCAA, y sobra decir que esa época es la más emocionante y con más audiencia de toda la temporada. Además, la FCS utiliza también Play-offs para decidir su campeón de football ¿cuánto más tenemos que esperar para verlo en División 1?
· Eliminación de Bowls innecesarias; el clasificarse para una Bowl es un privilegio para una universidad, pero a algunos fans no les hace ni pizca de gracia tener que recorrer medio país para ver a su equipo jugar una exhibición. Sino que se lo digan a los de Wyoming y Temple (en Pennsylvania), a los que enviaron nada menos que a New Mexico y se combinaron para 2400 millas de viaje solo de ida. Estas Bowls son, como poco, prescindibles, mientras que si se jugaran el pasar de ronda en el torneo, ningún aficionado de Pennsylvania se quedaría en casa por mucho que su equipo jugase en Oregón, California o en cualquier lugar del país.
En contra de los Play-offs en la FBS:
· El trámite de las últimas jornadas; son pocos los argumentos en contra del sistema de eliminación, pero el hecho de que un equipo lograra su pase anticipado para Play-offs convertiría las últimas jornadas de campeonato regular en un mero trámite, donde lo importante sería reservar titulares y no forzar su juego para evitar lesiones, perdiéndose la emoción que hoy en día está garantizada cuando se llega a los partidos de las últimas dos semanas.
· Quién se clasifica para los Play-offs; solucionado el debate principal se plantea una nueva incógnita. ¿Quién merece participar en el torneo? Algunos dirán que los #25 primeros “rankeados”, otros que los campeones de conferencia, los de récord positivo, etc., y al final los que acabarían decidiendo volverían a ser los periodistas, los entrenadores y el ordenador. Así algo ganamos, pero tampoco tanto…
El futuro de College Football está en el aire, pero de momento no queda otra más que felicitar a los merecidos (o no) campeones de 2011, Alabama, lamentar la oportunidad perdida si eres de LSU, y conformarse con el inmerecido tercer puesto si eres de Oklahoma State. Y para los impacientes, tranquilos que sólo quedan 233 días para la nueva temporada.